Nuestra historia
Todo empezó con un sueño.
Nuestra historia
Todo empezó con un sueño.
I
Barcelona, 2003
El comienzo de un camino
Tenía mi vida organizada. Casa, trabajo, rutina. Todo parecía estar en su lugar… pero dentro de mí algo sabía que no era suficiente, que me faltaba algo, un sentido.
Una noche soñé con una mujer indígena. No fue un sueño cualquiera. Fue una llamada. Me insinuó que debía seguir otro camino, me dejó una pista muy clara y la seguí.
Desperté con una certeza que no se puede explicar con lógica: no podía ignorarlo.
Dejé Barcelona, dejé mi casa, dejé mi trabajo y parte de mi vida.
El viaje que me devolvió a mí misma
Viajé a Brasil buscando respuestas. Durante seis meses recorrí lugares, personas y silencios. Y lo que encontré fue algo más simple y más profundo: me encontré a mí misma. Recuperé la pieza que faltaba en el puzzle de mi vida.
Volví a Catalunya transformada. Sabía que no podía regresar a la vida anterior. Quería vivir de otra manera. Más cerca de la tierra. Más cerca de los ciclos naturales. Más cerca de lo esencial.
Busqué comunidades que compartieran esa visión, pero no encontré exactamente lo que anhelaba.
Entonces recordé algo que siempre me ha acompañado…
“Si no encuentras lo que te gusta, créalo.”
El cambio empieza por uno mismo.
La masía que me esperaba
Un buen amigo me habló de una masía del siglo XII, cerca de Castellterçol. Llevaba muchos años sin ser habitada. Fui a verla.
Era una casa dormida en medio de un bosque frondoso. Montañas de más de 830 metros la rodeaban. Caminos antiguos serpenteaban entre los árboles. La vida estaba en todas partes… pero esperando volver a latir.
Encendí el primer fuego en aquella chimenea que llevaba décadas fría.
Y sentí algo muy profundo: la casa despertaba… y yo también.
En ese instante entendí que no había llegado allí por casualidad, sino como guardiana. Guardiana de la tierra, de la memoria y de los ciclos.
La llamé La Encantada. Porque el bosque es encantador. Y porque la casa tiene alma.
Hoy — Más de 23 años después
La Encantada es familia.
Comunidad.
Aprendizaje continuo.
Una Escuela de Vida. Un espacio de Reconexión con el Ser.
Hoy vivo aquí con Lucas, mi compañero. Somos cuidadores de esta tierra. Cultivamos nuestros jardines agroecológicos, convivimos con animales y hasta los pavos reales caminan libres por el terreno. Reconstruimos y recuperamos los espacios que antiguamente fueron habitados.
Nuestra hija Maya nació y creció aquí. Hoy forma parte activa del proyecto, se encarga de la comunicación y recolecta plantas del bosque.
Voluntarios llegan según la temporada. Aprenden oficios y saberes antiguos. Comparten tiempo. Buscan crecimiento personal y una relación más honesta con la tierra… y consigo mismos.
Y es el lugar desde donde nace todo lo que creo.
II — ¿Cómo nació nuestra cosmética?
Empezó casi sin darme cuenta
Desde que llegué al bosque empecé a experimentar. Exploraba los senderos, recogía plantas, hacía extractos, probaba maceraciones. Pasaba horas con libros antiguos, cuadernos y fórmulas olvidadas. Hacía mis potingues. Sabía que las plantas eran medicina. Siempre lo supe, así me lo enseñó mi padre, mi madre y mi abuela.
Pero el verdadero impulso llegó con el embarazo y nacimiento de Maya, mi hija.
Cuando la tuve en brazos y empecé a mirar los productos convencionales para su cuidado, algo dentro de mí se rebeló. Leí las etiquetas con atención: ingredientes artificiales, conservantes agresivos, nombres imposibles de pronunciar.
Y sentí una claridad absoluta.
No pondría en la piel de mi hija nada que no pudiera comer.
“Ponte en la piel lo que puedas comer.”
No fue una moda. No fue una tendencia. Fue una decisión de coherencia.
Empecé a buscar alternativas reales a la cosmética convencional. Estudié cosmética natural, jabonería, elaboración de fitoextractos, emulsiones, destilados, herbolaria mediterránea y remedios naturales. Me formé, investigué de manera autodidacta con libros antiguos hoy olvidados y experimenté. Escuché el sonido de las plantas: sabía que las plantas que crecen alrededor de tu casa son las que necesitas. Hablé con las abuelas “remeieres” de nuestra zona, guardianas de fórmulas ancestrales que han pasado de generación en generación y aprendí varios remedios que a día de hoy sigo elaborando.
Quería algo muy concreto: una cosmética natural ecológica verdadera. Hecha con mis manos. Con ingredientes que entendiera. Con plantas vivas. Sin químicos innecesarios.
Me propuse que al abrir mi neceser, cada producto fuera natural, ecológico y coherente con mi forma de vivir. Y poco a poco, así fue.
Primero fueron los ungüentos medicinales para mi familia. Después para amigas y las vecinas. Luego el círculo empezó a crecer. Las pieles mejoraban. Las personas volvían. La confianza se expandía.
Llegaron ferias, mercados, tiendas. Sin grandes campañas. Sin artificios. Solo boca a boca, tribu y resultados visibles.
Hoy la cosmética natural ecológica de La Encantada llega a hogares de toda España y más allá. Pero sigue naciendo igual: escuchando las plantas, sintiendo la vida, recordando los orígenes, volviendo a la tierra.
III — El proceso
Cómo lo hacemos
Recordando los orígenes.
Volviendo a la tierra.
Escuchando las plantas.
Sintiendo la vida.
Nuestra cosmética natural ecológica no se fabrica en serie. Se elabora con tiempo.
Destilamos nuestras plantas
Como se hacía antiguamente. El fuego transforma la planta con suavidad y despierta su esencia más profunda. Para mí, esa es la verdadera alquimia: cuando los elementos se encuentran y algo vivo ocurre.
Maceramos con paciencia
Las hierbas en aceites ecológicos de primera prensada en frío, respetando el ritmo de cada planta y las fases de la luna. Porque la naturaleza no trabaja con prisas… y nosotros tampoco.
Cultivamos y recolectamos
Flores y plantas en nuestros jardines agroecológicos, y recolectamos otras del bosque que nos rodea. Siempre de forma artesanal y respetuosa con el entorno. Tomamos sólo lo necesario. Agradeciendo.
Hidrolatos puros, no agua
En nuestras formulaciones utilizamos hidrolatos puros en lugar de agua. No son un simple ingrediente base: conservan la memoria de la planta y aportan propiedades activas reales a la piel.
“Si no es necesario, no lo añadimos.”
Sin químicos nocivos. Sin conservantes artificiales innecesarios. Sin colorantes sintéticos. Sin perfumes artificiales.
Hay plantas. Hay aceites ecológicos. Hay formulación consciente. Hay experiencia. Hay manos.
Elaboramos cremas, ungüentos, champús sólidos, pastas dentífricas y productos para el cuidado familiar. Cada pote requiere tiempo. Cada lote es pequeño. Cada fórmula nace aquí.
Nuestros productos no están testados en animales, sino en nuestros amigos.
En cada producto hay intención, hay cuidado y coherencia. Porque cuando eliges lo que te pones en la piel con conciencia, algo cambia por dentro.
IV — Nuestra comunidad
Una red invisible volviendo a la tierra
Creo profundamente en los proyectos pequeños que nacen del compromiso real con la tierra.
Por eso colaboramos con productores que trabajan de forma responsable, que conocen el origen de cada materia prima y que priorizan la calidad sobre la cantidad. Personas que, como nosotros, entienden que la tierra no es un recurso que explotar, sino un organismo vivo que cuidar.
Seleccionamos nuestros ingredientes siguiendo criterios éticos, ecológicos y de excelencia. Construimos relaciones basadas en la amistad, la confianza, la transparencia y la sostenibilidad a largo plazo. No buscamos volumen. Buscamos coherencia y alianza.
Trabajamos exclusivamente con:
Siempre que es posible priorizamos materias primas de proximidad, apoyando economías locales, reduciendo el impacto ambiental y fortaleciendo redes conscientes.
Pero nuestra comunidad no termina ahí. En La Encantada regeneramos suelo, cultivamos sin químicos, respetamos los ciclos naturales y devolvemos a la tierra más de lo que tomamos. Practicamos una agricultura viva, donde cada planta forma parte de un equilibrio mayor.
Abrimos las puertas de la finca a personas que desean aprender y reconectar. Voluntarios llegan según la temporada para participar en el huerto, en la bioconstrucción, en la recolección de plantas y el cuidado de los animales. Aquí se comparten saberes antiguos, oficios tradicionales y una manera más consciente de habitar el mundo.
También compartimos conocimiento sobre cosmética natural ecológica, porque creemos que entender lo que ponemos en nuestra piel es un acto de soberanía personal.
Formamos parte de la Cooperativa El Poblet SCCL porque creemos en el trabajo colectivo y en las redes que fortalecen proyectos con valores reales.
Para mí, crear cosmética natural ecológica no es solo elaborar productos. Es sostener un ecosistema humano y natural donde la salud, la confianza y la espiritualidad cotidiana pueden convivir.
Y cada persona que elige La Encantada no es solo un cliente. Es parte activa de esta red invisible que está recordando cómo volver a la tierra, un cambio tranquilo que empieza en la piel y se extiende a la vida.
V — ¿Quién soy?
Mireia Berdún
Soy Mireia Berdún, mujer acuariana de 50 años. Guardiana de La Encantada, casa de retiros y escuela de vida.
Soy madre, cantautora y mujer medicina. Mantengo viva la memoria de las plantas y los remedios tradicionales de esta tierra, saberes que he ido recordando y honrando a lo largo de mi camino.
Custodio altares y espacios consagrados al Sagrado Femenino, eje central de mi camino espiritual y de mi forma de vivir.
Durante mucho tiempo pensé que tenía que encajar en una vida que no sentía mía. Hasta que entendí que la coherencia no se negocia.
Hace más de veinte años decidí volver a la tierra. No como escapatoria, sino como elección consciente. Desde entonces vivo en una masía antigua en medio del bosque, aprendiendo cada día de los ciclos naturales, del fuego, de las plantas y del silencio. Entendí que no era yo quien elegía el lugar. El lugar me estaba transformando.
Aprendí a observar, a esperar y a respetar los tiempos.
Creo en la cosmética natural ecológica como un acto de coherencia diaria y desde esa coherencia doy vida a una cosmética elaborada con conciencia y respeto.
Creo que la piel no necesita artificios, necesita respeto.
La Encantada no es una marca que creé, es el lugar que me transformó. Y cada producto que elaboro es una extensión de esa transformación.
Si has llegado hasta aquí, quizá tú también sientes que quieres vivir con más coherencia.
“Yo solo pongo las plantas,
el fuego y el tiempo.
Lo demás… lo hace la vida.”
Nuestros valores
Empresa familiar
Somos una empresa familiar de cosmética natural y ecológica, comprometida con el cuidado consciente de la piel y el respeto por la naturaleza.
Ecológico
Utilizamos materias primas naturales y ecológicas. Las plantas son cultivadas de forma sostenible en nuestras huertas y jardines.
Lotes pequeños
Nuestra producción es totalmente artesanal y en lotes pequeños, garantizando la calidad y frescura de nuestros productos.
La Tradición nos guía
Recuperamos los remedios y el conocimiento de nuestros abuelos para crear cosméticos que cuidan nuestro cuerpo, mente y espíritu.